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Por dónde empezar a crear tranquilidad
By Susan Gray Weber
Todos tenemos días así… cuando la vida parece adquirir un ritmo frénetico, las cosas suceden muy rápidamente, nos sentimos atrapados en la corriente de nuestra propia vida. Los niños lo perciben y se vuelven muy demandantes ¿Qué hacer? ¿Cómo entender la respuesta de nuestros hijos en estos momentos?
Los niños gozan con la aburrida y predecible rutina, una y otra vez nos piden la misma historia, la misma cantaleta, el mismo camino… En momentos en que la cotidianidad se interrumpe y nos ofrece nuevos estímulos, la rutina se difumina privando a nuestros hijos del ancla de seguridad de lo que les es familiar. Los niños pequeños tienen pocas habilidades para lidiar con estos momentos, pero tienen muchas maneras de comunicarnos cuando el mundo no les esta funcionando.
Les propongo una manera sencilla de enfrentar las necesidades del niño. Cuando todo está bien, generalmente es por que existe un ritmo en las actividades que hace el mundo predecible y seguro para el niño, la forma y la estructura de la vida están balanceadas, la estimulación sensorial que recibe es la adecuada a su capacidad de procesarla. Muchos niños pueden digerir un poco más de estimulación dentro de los márgenes de su orden cotidiano, pero cuando la estimulación se eleva significativamente y ese orden se disipa, para la mayoría de los niños la situación se vuelve muy difícil de manejar.
Una fórmula sencilla y efectiva es las siguiente: cuando la estimulación sensorial se eleva inevitablemente hasta o más allá de los límites de un determinado niño, es necesario reforzar nuestro ritmo y rutinas habituales, que hacen previsible y estructuran la cotidianidad. Cuando este ritmo se altera por cualquier razón (unas vacaciones familiares fuera de casa, situaciones inesperadas que se dan día a día, la necesidad de estar fuera de casa a la hora de la siesta, por ejemplo) es especialmente útil disminuir la estimulación sensorial. Entonces nuestros hijos pueden utilizar las reservas que tienen para enfrentar los cambios que resultan de modificar el ritmo y estructura de su vida, sin tener que digerir tanta estimulación sensorial.
Observa un poco, prueba esta fórmula y ¡comparte tus descubrimientos!
© Susan Weber, Sophia’s Hearth Family Center, Keene NH
Septiembre 2008
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